Esos atípicos corzos cuyo ciclo de la cuerna se ha visto afectado por algún desarreglo hormonal, bien por atrofia testicular, o por cualquier otra causa, suelen llamarse «peluca». Debido a su extrañeza son muy valorados por los aficionados a la caza del CapreolusLa cuerna de estos machos permanece durante todo el año cubierta de borra. 

Carlos Blanco ha sido el afortunado de llevar a casa un trofeo tan extraño como valioso. Poco podía imaginar este cazador abulense que en la salmantina Reserva de Caza de Batuecas conseguiría abatir al que es ya su segundo corzo peluca. Según relata Blanco, en los primeros días de caza pusieron su punto de mira en un pequeño «peluquín» y en el intento de cazarlo se cruzó uno de tamaño mayor, el protagonista de esta noticia.

Cinco meses fueron necesarios para poder dar con el macho de la foto de

abajo. ¡Y por lo pelos! El corzo se cazó a tan solo tres días del cierre de

temporada. Estaba en un estado lamentable. Su cuerpo, sin contar la cabeza, pesaba

tan solo 14 kilos. Es inexplicable cómo este animal podía sostener la cabeza que

pesaba ¡nada más y nada menos que 4,2 kilos!

 

Cazar el corzo peluca se convirtió en una obsesión

Desde que Carlos vio por primera vez aquel corzo se convirtió en una verdadera obsesión. «Estaba en un estado de desnutrición importante por lo que si no lo abatíamos moriría en días», argumenta el cazador. Los miembros de la reserva le ayudaron en todo momento y le informaban de sus pasos. Fue justamente hace 15 días cuando los encargados de la guardería le avisaron y le informaron de su localización.

Lo divisó mientras iba en el coche con los guardas y consiguieron acercarse a 200 metros desde donde Carlos apuntó al corzo peluca con un Blaser R8 calibre 7 mm Remington Magnum. El animal cayó en seco, objetivo principal de este cazador, darle una muerte rápida y sin dolor.

Según Carlos Blanco «en la zona en la que encontramos este corzo, que es una ‘olla’ que no tendrá más de 20 hectáreas, se han cazado ya seis corzos con peluca. No sé la razón, si será genético, si son capaces de reproducirse, si es un tipo de vegetación que les afecta, una sal que chupan… Quién sabe. Pero es algo excepcional».

La búsqueda de un trofeo singular es el gusanillo que siempre está dentro de todo cazador. Tamaño, forma, cornamenta… Cualquier característica fuera de lo normal es bienvenida para añadir a la lista de recuerdos cinegéticos.